Todos nos miraban, desde que llegamos al cementerio la atención de muchas personas se posó en nosotros. Max apretó mi mano, sé que le resultaba molesto la curiosidad de terceros.
Unas mujeres murmuraban y cuando las miré disimularon.
—¿No es Emireth? Entonces es cierto que tuvo un hijo con su hermano —susurró una señora bastante dramática.
—Sí, que horror —le respondió la otra en el mismo tono bajo.
Luego se alejaron.
En vez de guardar silencio y respetar el dolor ajeno, criticaban en un mom