Él la amaba con todo su corazón y me puse a pensar en el impacto que tendrían mis palabras en ese chico al saber la verdad sobre su hermana y su supuesto empleo.
No quería hacerlo sentir peor. Ya tenía bastante con el noviecito impulsivo que lo había dejado tirado en la calle sin remordimiento alguno.
—¿Quieres desayunar conmigo? No me gusta comer solo—me dijo de pronto.
—Claro.
Mi estómago iba a estar más que agradecido por meterle comida después de haberlo devuelto gracias a mis emociones.
—A