Me causó una inmensa tristeza ver qué ahí había crecido Tessa Morgan, mi esposa, a quien yo pensé que solo era una chica pobre y loca, y no era más que una chiquilla asustada tratando de sobrevivir en el mundo junto a su hermano, odiando a sus padres por todo el daño que les causó por la avaricia.
Y no la culpaba.
Con el corazón hecho pedazos, le tomé una fotografía para mantenerla en mi teléfono por cualquier cosa que pudiera servirme en un futuro.
—Hola, ¿se te ofrece algo, muchacho?
Me sobre