Alcé las cejas, encontrándole incoherencia a su mensaje. Y como no daba pie a que le contestara, simplemente lo ignoré y encendí la televisión. Al cabo de veinte minutos, escuché movimiento y ruido en la habitación de Levi.
No pasaron ni siquiera dos minutos, cuando lo vi echarse correr directamente a la puerta como alma que lleva el diablo. Apenas pude levantarme y seguirlo como pude. La puerta se cerró en mi cara. Anonadada, la abrí precipitadamente y salí a verlo con la boca abierta.
Divis