La sala de juntas olía a madera pulida y café rancio, ese tipo de olor que te cierra la garganta sin que lo notes. Chris entró al final, Derek medio paso detrás de él, y ambos llevaban el leve rastro de la lluvia en sus abrigos. Allen ya estaba allí. Manos entrelazadas sobre la mesa, mirada afilada, esperando.
“Puntuales,” dijo Allen, más como una observación que como un saludo.
Chris inclinó la cabeza, tomando su asiento habitual. Derek se colocó a su lado como una sombra, espalda recta, manos