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De repente, golpes insistentes en la puerta interrumpen nuestro éxtasis. Una irritación momentánea me invade, pero pronto se transforma en excitación. El peligro inminente, la posibilidad de ser descubiertos, solo aumenta la intensidad de mi deseo.
—¿Alice? ¿Alice, estás ahí? ¿Estás bien? —la voz preocupada de Patricia resuena en el baño.
Sonrío con malicia, saboreando el momento. Acerca mi rostro al suyo, sintiendo su respiración caliente en mi cuello. Para torturarla aún más, vuelvo a