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La ceremonia prosigue a un ritmo lento y tortuoso, pero mis ojos permanecen fijos en Alice, ignorando todo a mi alrededor. Cada gesto, cada expresión, cada movimiento... todo es analizado, memorizado, grabado en mi mente como una obsesión obsesiva.
Parece genuinamente interesada en la ceremonia, prestando atención a cada detalle, a cada palabra pronunciada por el sacerdote. Su inocencia me fascina y me exaspera al mismo tiempo. ¿Cómo puede ser tan ajena a la telaraña que tejo a su alreded