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Pasan las horas. Ya son casi las 2 de la madrugada, y la fiesta no termina. Está superanimada. Busco a Davi, pero no lo veo. Debe estar en otra habitación.
Decido ir a ver a Bruninho. Entro en casa, subo las escaleras y voy a su cuarto. Duerme tranquilamente, con su carita serena. Cierro la puerta despacio y bajo las escaleras.
Voy a la cocina. Tengo ganas de comer guayaba. Abro la nevera, cojo la guayaba y le pongo nata. Es una delicia, para chuparse los dedos.
Entonces, oigo una voz detrá