—Lo peor es mi madre —golpeó Fernanda el pie. —¡Actuó como si nada hubiera pasado! Dijo que los hombres son así. ¡Dan ganas de perder los nervios!
—Ya pasó, chicas —las abracé a las dos. —Ya han salido de mi casa. Ahora el día es nuestro. ¡Vamos a centrarnos en la mudanza!
Camila entró en la cocina en ese momento, llena de energía.
—¡Vaya! ¿Me he perdido el escándalo? ¡Me han dicho que hubo porno en vivo en la zona de servicio!
—Lo hubo y fue grotesco —rió Carlos del otro lado de la encimera.
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