— Déjame enseñarte una cosa sobre el mundo real, niña fútil: no hables de lo que no sabes. Mi mujer es un millón de veces mejor que tú en absolutamente todo. Y el detalle más importante: es solo mía. No te lo tomes a mal, gatita, pero no me gustan las sobras de mercado.
La sonrisa en el rostro maquillado de Leticia muere en el mismo instante. Su cara se desmorona, el maquillaje pareciendo derretirse en frustración y odio contenido.
— Puede que sea "solo suya" por ahora... —murmura ella, con el