Davi
Veinte días. Veinte días de la más pura, desgraciada y torturante ansiedad.
Desde la tarde en que dejé mis muestras de sangre en aquel laboratorio particular, mi cabeza se convirtió en un caldero en erupción. Fueron veinte noches mal dormidas, dando vueltas en la cama, mirando al techo de la habitación, escuchando la respiración serena de Alice y preguntándome si mi pasado había vuelto finalmente para cobrar la cuenta final. Hoy, sin embargo, el reloj de la impaciencia se ha detenido. El l