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Horas después...
Las horas pasan rápidamente. Ya son las 19:00. Es hora de entregar a mis niños a sus padres. Entrego a todos mis pequeños ángeles, uno por uno, con un beso y un abrazo. Cuando el último niño se va, siento un vacío en el pecho.
Voy al despacho de la directora. Al llegar, abro la puerta y entro.
—¿Quería hablar conmigo? —pregunto, con la voz dudosa.
—Sí, siéntate —dice Regina, señalando la silla frente a su mesa. —Vamos a hablar.
Me siento, con las manos sudorosas.