Hans respondió en un tono sereno.
Esperanza se preocupó y le dio algunos consejos:
—Papá, si mamá te rechaza, no te enfades. Tienes que mimarla. A las chicas les gusta que las mimen. Si te enfadas, las chicas no querrán hablar contigo aún más.
—De acuerdo, ¿cuándo te volviste una habladora? Ve a ducharte, rápido.
Esperanza frunció el ceño y dijo como si fuera una adulta:
—Papá, te estás impacientando de nuevo. ¿Cómo puedes quejarte de que hable demasiado?
Hans se quedó un poco sin palabras…
Con