Hans se sentó a un lado sin decir ni una palabra. Permaneció en silencio hasta que Sandra le propuso una copa:
—Señor Rivera, brindo por ti.
Hans levantó ligeramente la cabeza y examinó su forma de vestir con sus ojos claros y profundos. Dijo fríamente:
—Ese estilo de vestir no te queda bien.
Darío apretó un poco los puños al escuchar las palabras.
Sandra no entendió sus palabras y preguntó:
—¿No es apropiado?
Hans no le respondió. En cambio, bajó la cabeza y sirvió comida para Esperanza.
Sandra