Eran las ocho de la noche y Hans todavía se encontraba en la oficina. De repente, sonó su teléfono móvil. El número era del teléfono fijo de la villa. Era Esperanza quien llamaba:
—Papá, ¿te quedarás trabajando hasta tarde? ¿Por qué aún no has vuelto a casa?
Hans miró el pequeño cuaderno y finalmente su mirada fría se suavizó un poco. Respondió:
—Sí, puede que me quede hasta tarde esta noche. Tú ve a cenar primero.
—¡Ya he cenado! ¡Hoy el tío Alberto me cocinó un montón de platos que me encantan