POV de Adriana
El camino de regreso a casa fue silencioso, pero no incómodo. Diego conducía con una mano en el volante y la otra descansando sobre mi muslo, su pulgar trazando círculos suaves sobre mi piel. Era su forma de recordarme que estaba ahí, que no importaba lo que sucediera, él seguiría a mi lado.
Miré por la ventana, observando cómo el paisaje pasaba de las montañas a la ciudad. Por primera vez en mucho tiempo, sentí que estaba tomando la decisión correcta.
—¿En qué piensas? —preguntó