POV de Diego
El silencio era tan pesado que me sentía ahogado dentro de él.
A veces creo que nací para correr. Desde niño, siempre fue así. De los gritos, de los golpes, de las expectativas que nunca podía cumplir. Y ahora, adulto, seguía huyendo. Pero ya no podía fingir que no sabía lo que hacía. Ya no podía justificarlo con la rabia ni con el miedo. Ahora era cobardía pura.
Estaba en el coche, con las llaves en el encendido, el motor apagado y las manos en el volante. Había conducido hasta el