Mi corazón martilleaba con fuerza mientras me abría paso entre las calles oscuras. Lo que Pedro había dicho aún resonaba en mi cabeza. Alguien más grande detrás de Montoya.
Eso significaba que todo lo que habíamos visto hasta ahora era solo la superficie. Montoya no era la cabeza de la serpiente. Había alguien más, alguien con más poder, con más recursos… con un plan más grande.
Tomé un taxi de regreso a la casa. No podía perder tiempo. Diego tenía que saberlo.
Cuando llegué, los guardias en la