POV de Adriana
El auricular en mi oído vibraba con la respiración controlada de los hombres de Diego. Mi corazón latía con fuerza mientras observaba la transmisión de las cámaras de seguridad. Montoya estaba sentado frente a Diego, su sonrisa relajada, pero sus ojos afilados.
No me gustaba esto.
No me gustaba en absoluto.
—¿Tenemos confirmación de que sus hombres están aquí? —susurré por la línea.
—Sí —respondió Marco, uno de los hombres de Diego—. Hay al menos cuatro con él, pero podrían haber