POV de Diego
La habitación estaba sumida en un silencio que, en otro contexto, habría sido reconfortante. Pero esta vez, el silencio era una cuerda invisible que se tensaba entre Adriana y yo, lista para romperse en cualquier momento. Ella estaba sentada al otro lado de la mesa, con los brazos cruzados, su mirada fija en la pared como si quisiera evitar que nuestras miradas se encontraran. Y yo, en un intento por contener mi frustración, apretaba los puños con tanta fuerza que sentía las uñas c