—Hola, Reginald —lo saludó Brian con una sonrisa medio sardónica en la boca— O debo llamarte “señor Taylor” —enunció remarcando las palabras.
—P - pe - pero… ¿Cómo es posible? —logró farfullar completamente desconcertado.
—¿Me lo estás preguntando en serio? —Brian no había dejado de moverse, ahora firmaba los documentos que lo acreditaban como el dueño de uno de los grupos de acciones más importantes de la empresa minera Mining Star Corp— Entonces te lo diré —se volteó para encarar completament