Cuando Reginald Taylor firmó las actas del divorcio, el juez hizo entrar a Charlotte, quien apenas si miró en dirección de Reginald. Con elegancia y clase caminó hasta el escritorio donde estaba el juez y firmó el acta de divorcio con soltura y luego levantó la vista y miró hacia donde estaba Brian, quien le sonreía con cariño.
Los chicos se habían quedado en la puerta que daba a la habitación donde ellos estaban esperando, desde allí le hicieron señas de saludo a su padre quien les dedicó una