Charlotte dejó la casa y se dirigió al gimnasio. Iba meditando en lo que sus hijos habían dicho al saber que Reginald no era su padre. Hace apenas unos días, Brian Junior le había dicho que sentía un gran alivio al saber que Reginald no era su verdadero padre.
—Doy gracias al cielo por no tener su sangre, aunque amé al abuelito Joseph —le había dicho— Tenía miedo de llegar a ser un borracho como él.
—Tú nunca serás como él, hijo —le dijo mientras lo besaba en la cabeza— Serás mucho más intelige