—Llámame Arthur a secas, por favor —le dijo el millonario— Y sí, quiero hacerte una oferta antes de que cualquier tiburonzuelo por allí quiera aprovechar el momento.
—Eso es algo que yo también haría, Arthur —le replicó Brian.
Arthur sonrió antes de contestar.
—Es lógico —dijo asintiendo— Pero esa empresa que tanto te gusta es la que me guió hasta donde estoy ahora.
—¿Cómo sabes que me gusta? —preguntó un tanto sorprendido.
—Hago mi tarea —dijo riendo— Sé que has averiguado sobre ella, y tambié