Parte 4...
¡Dios mío, mi corazón está en mi garganta! No sé qué hacer, pero tampoco sé si quiero que este momento de complicidad termine.
— Tú... No eres tan malo como pensé. Lo siento por haber pensado así.
— Está bien... Yo también pensaba que eras tonta y torpe - abrí los ojos sorprendida y él sonrió —. No pongas esa cara... No tenía ni idea de cómo eras en realidad. Y, siendo honesto, derribaste muchas cosas en la oficina y hasta rompiste la jarra de agua de coco.
— No fue mi culpa - se