Era fácil hablar con Tom. Él dijo: “Señor Yach, por favor, adelante”.
Aunque solo le servía a Isabelle como su guardaespaldas más cercano, sabía que Cedar tenía una relación extraordinaria con la familia Schick, así que él también era su empleador en cierto modo.
“¿Qué tan grave es la anorexia de Isabelle?”.
“Bueno…”.
La primera pregunta de Cedar fue directa.
Tom no podía mentir, pero tampoco podía ser honesto con Cedar. Además, Isabelle le había recordado que no dijera nada sobre su condic