Antes yo había hecho hasta lo imposible por conquistarlo, pero él era un témpano de hielo, completamente indiferente.
Hasta que apareció Isabel, entonces supe que él no era despiadado, simplemente no me amaba.
Hace dos años, yo misma destrocé el compromiso, y me retiré para cederles el camino.
Ahora que él e Isabel se habían separado, ¿él me venía con esa actitud de que su amor profundo no había sido olvidado?
Hablé fríamente.
—Lo siento, Tomás es mi prometido, nos casamos el dieciocho, faltan d