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Capítulo ochenta y seis 

—Yo también me alegro de verla, señorita Sara—da palmadas en mi espalda y me separa de él para abrirme la puerta. 

—Que gentil —sonrío y subo al auto, la puerta se cierra y como por arte de magia recuerdo a Wade aquí conmigo. 

No. Sara, no. No pienses en él. 

La prado arranca y rápido nos colocamos en

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