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Capítulo dieciocho 

Tomo la mochila y la sigo hasta llegar al ascensor donde preciona el tercer botón y este desciende haciéndome marear. Nunca me acostumbraré a los ascensores. Se abren las puertas y me voltean a mirar más de treinta adolecentes.

—Aquí es donde darán las instrucciones para el concurso —y se va dejándome ahí, camino con cierto recelo hacia todos y presto atenci&oa

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