La mejor forma en que podía hacerlo era vistiendo, no con los rojos y plateados de la familia real, sino azul rey y dorado, los colores tradicionales de la manada del Alfa Nocturne.
Después de todo, ella era ahora la Luna del Alfa Nocturne y, en lo que a todos los demás concernía, ella era su verdadera compañera y él, contra todo pronóstico, su pareja de segunda oportunidad.
'¡Ja! ¡Ellas lo saben! ¡Mira lo disgustadas que se ven esas p*tas!', exclamó Maena alegremente.
Tenía razón. Su madrastra