Tras reunirse con Bartholomew en su despacho y discutir las muchas formas en que Linus podría intentar dar un giro a su defensa, partieron juntos hacia el Tribunal de los Ancianos.
A Amaris no se le escapaba la ironía de que, hacía poco tiempo, ella era la que estaba de pie frente a todos ellos en el fondo de aquel intimidante anfiteatro como parte acusada, y ahora presidiría el destino de los demás.
Los juicios se habían detenido prácticamente durante los actos de coronación y, tras la audaz p