Amaris se estiró. La luz del sol entraba a raudales por la ventana del dormitorio y su relajante calidez se propagó por su rostro. El dolor resultante de los excesos de la noche anterior le produjo un gesto de dolor. Sonrió.
'Buenos días, princesa'. La voz de Dave, a su lado, tenía el típico sonido de quien acaba de despertar. Se giró y la envolvió en sus brazos por el talle. La atrajo hacia él y la besó suavemente en la nuca.
Ella rio cuando sus manos comenzaron a acariciarle la piel delicadam