"No te molestes, la dejaré en tu casa y, por cierto... estás invitado", le digo burlonamente, mientras acomodo a Krystal en mi coche.
Él no dice nada, solo sube a su coche y se va. Dejando tras de sí una nube de polvo y su arrogante presencia.
Subo a mi coche y arranco el motor. Krystal y yo no hablamos. Con ella aparentemente perdida en lo que estaba haciendo en su tableta. No sabría ni por dónde empezar con ella.
Cuarenta minutos más tarde llegamos al centro comercial. Planeaba almorzar con