“Sabes que eres mi favorita, ¿verdad, Mayra?”. Sus ojos verdes se tornan oscuros. La lujuria comienza a llenarlos. Intento moverme. Sabiendo lo que viene, pero como siempre, no puedo. Intento rogarle con los ojos. Suplicándole que me perdone. Sé que no funcionará. Nunca funciona, pero aun así lo intento.
Sus manos se mueven sobre mis muslos huesudos. Su toque me repugna. Como siempre, estábamos solos. Así que ninguno de sus colegas sabe lo que está pasando. Este era nuestro momento. Como le gus