Mi estómago se revuelve. Siento que los restos de lo que comí vuelven a subir. Le merecería que vomitara dentro de su boca.
Separa sus labios de los míos cuando oye pasos acercándose a la habitación. Me mira fijamente. Sus ojos brillan con posesividad antes de inclinarse para susurrarme al oído.
“Recuerda esto Mayra… siempre serás mía. En todos los sentidos”.
El sonido de su voz y sus palabras me dan escalofríos. Me rechina, pero ni siquiera puedo reaccionar. No puedo mostrarle lo asqueada qu