Un toque incesante en la puerta me hace despertar de mi letargo con un fuerte dolor de cabeza. La luz del día entra por la ventana y me hace arrugar los ojos. Tengo una enorme resaca de la noche anterior y no puedo recordar nada.
Vuelven a tocar con insistencia, entonces veo a Hailey levantarse e ir a abrir la puerta.
—¿Es que no piensan levantarse? ¡Vamos ya! —grita Sam.
—Cállate un poco, ¿sí? —digo con un quejido mientras intento sentarme en la cama. Tengo el cabello enmarañado.
Recién siento