Luna podía sentir la brutal tensión en el cuerpo del alfa. No había músculo que no estuviera duro, así como las pulsaciones fuertes y rápidas de los latidos de su corazón. Ella no era idiota, sabía que la situación no era fácil. Y ella sabía lo importante que era la manada para el alfa.
-Lord, Lord- lo llamó ella sacudiendo el pelaje de su lomo.
El lobo la miró sobre su hombro con los ojos consternados.
-Sé que lo que te voy a decir no te va a gustar, pero escúchame con atención. Déjame sobre a