Selena no tuvo más nada que hacer en la habitación que quedarse leyendo el libro.
Escapar no era una opción. De seguro de la puerta no pasada.
Realmente temía volver a perderse en el bosque y ser perseguida. El miedo aún era latente dentro de ella y le ponía la piel como gallina. Que la llamaran cobarde, jugarse la vida no era cosa de juego.
Se había quedado en la cama acostada donde había un olor agradable y enredada entre la colcha de piel se sumió en el libro, tanto que cuando el beta entró