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La mujer se volvió brevemente hacia las otras dos, que hasta se atrevieron a sonreírnos antes de apresurarse de regreso por donde vinieran. Advertí que la que quedara todavía tenía algo más para decir y alcé las cejas, invitándola a hablar.

—Perdón, mi señor lobo, quería preguntarles en qué podemos ayudar. Su sanadora cuida de los que lo precisan, y un puñado de nosotras basta para atender a los niños, especialmente con la ayuda de ustedes. Y hay tanto por hacer.

—Háblame de cam

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