Mundo ficciónIniciar sesiónLos establos estaban silenciosos cuando al fin pude poner fin a ese día aciago. Me detuve a la entrada, dejando que mi olfato aceptara la avalancha de olores y mis oídos reconocieran los pequeños ruidos en las sombras. Entre ellos, los latidos de un corazón que me hicieron sonreír. Allí estaba mi pequeña, en el entrepiso del heno, bajo la ventana abierta a la noche tibia y las estrellas. Dormía, aunque su sueño no era profundo ni apacible.
Trepé la escalera de mano y me asomé lo indisp







