Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl sendero corría paralelo a las montañas orientales del Valle, que descendían hacia el norte a convertirse en colinas. Los humanos ignoraban su existencia, y aunque agregaba varios kilómetros de camino, nos permitía ir y venir entre el castillo y el Bosque Rojo sin ser vistos. Milo ya había conducido a los nuestros por allí en la víspera, y seguía lo bastante despejado de nieve para que lanzáramos nuestros caballos al galo







