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La hice sentar en el taburete frente al arcón y corté su comida para que la venda en sus ojos no fuera un obstáculo. Yo, en tanto, me senté a comer a sus pies, junto al fuego.

Mientras cenábamos, preguntó por la cacería que mencionara Mora. La guerra era lo último de lo que quería hablar con ella, y mis respuestas evasivas la disuadieron de insistir.

—¿Tea no precisará ayuda con los refugiados? &m

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