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Por suerte no era una noche despejada, y antes que los licántropos se recuperaran como para volver a darnos pelea, las oscuras nubes de tormenta que llegaban de las montañas ocultaron la luna, menguando su influencia. Para nuestra sorpresa, tan pronto el cielo estuvo cubierto los licántropos comenzaron a temblar violentamente, y sus cuerpos cambiaron ante nuestros ojos, encogiéndose, normalizándose. El proceso pareció consumir toda su energía,

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