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Dejé que Garold les hablara de nosotros, y pronto percibí que el ambiente se distendía poco a poco. Las escuché murmurar, aunque no logré comprender qué decían, y cuando Garold mencionó la aldea, oí un sonido que me hizo pensar que una de ellas se acercaba a gatas a su puerta. Una cabeza clara se asomó a medias al corredor.

—¿Cómo son las casas, Alfa Mael? —preguntó Garold, volviéndose hacia mí sin inmutarse.

Sólo entonces recordé que en sus cartas, Noreia nos había contado que

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