Me apresuro a volver a donde se encuentra Amelia, que todavía está sentada a la mesa. “Tengo que irme”, le susurro, luego agarro mi bolso y me dirijo a la puerta.
“¿Chloe? Espera”, me grita Amelia, mientras me sigue. No me detengo y sigo mi camino lo más rápido que puedo hacia la calle. Escucho a Amelia no muy lejos detrás de mí y maldigo su velocidad de mujer lobo. Intento caminar más rápido, podría intentar correr si no fuera por estos malditos tacones. Sé que Amelia es mi mejor amiga, pero n