Sabiendo que mi familia pronto encontraría una forma de salir, me apresuré hacia el granero donde estaban todos los coches. Me acerqué al Camaro que una vez llamé mío, el cual estaba cubierto en una esquina. La parte delantera sobresalía, como si alguien hubiera levantado la cubierta para echar un vistazo.
Después de que Benjamin murió de cáncer, devolví el coche. Eso era todo lo que a ella y a la Tía Marley les quedaba de él. Mi madre necesitaba ese recuerdo más que yo. Ella creció con él, y