Sonó la alarma. Extendí mi mano hacia la mesita de noche, golpeé mi teléfono y lo tiré al suelo. Me incliné sobre mi cama para ver a dónde cayó, pero me di por vencida. Me di la vuelta, cubriéndome la cabeza con la manta antes de quedarme dormida otra vez.
La alarma sonó de nuevo y suspiré, quitándome la manta de encima. Froté mis ojos para enfocarlos. Cuando pude ver bien, me estiro fuera de mi cama, buscando mi teléfono. Cuando lo encuentro, me dirijo al baño para prepararme para el día. Arre