35 Jadeante.
Estaba casi rendida, el fuego de la pasión había despertado, este maldito villano sabe cómo demonios provocarme.
—¡Detente!
Dije con una voz casi jadeante, pero él hizo caso omiso a mis flanqueantes palabras, en cambio levantó su otra mano la deslizó por mi cuello hacia mi rostro, ví su tatuaje, el que cubre su mano, es un mándala que representa el linaje de sus ancestros, el poder y las batallas vencidas.
Sostuvo mi cuello, luego metió sus dedos en mi boca y con la otra mano me sujetó de la c