No evité su mirada, sino que lo miré directamente a los ojos.
Daniel sonrió: —Gracias.
—No hay de qué —respondí— Es mi deber.
...
Gabriel estaba sentado en la sala con los juguetes recién comprados, sin haberlos abierto aún.
Andrés, escondido detrás de Carolina, miraba fijamente los juguetes en brazos de Gabriel.
Gabriel podía ver que Andrés también los quería, pero no pensaba dárselos.
Andrés le susurró a Carolina: —Mamá, yo también quiero jugar.
Carolina lo consoló con dulzura: —Estos son para