No podía culpar a nadie más que a sí mismo.
Las lágrimas de Gabriel caían sin cesar. Realmente extrañaba mucho a la mamá de Luciana...
Carolina llegó tarde y, al vernos a Daniel y a mí en la puerta, sus pasos se fueron haciendo más lentos. Se acercó vacilante a la maestra:—Hijo, vamos a casa.
—Mamá... —Andrés se escondió detrás de Carolina.
Al notar que algo andaba mal, Carolina intentó marcharse con su hijo, pero Daniel la detuvo:—Tu hijo ha estado esparciendo rumores que han provocado que sus